Por muy desolador que te parezca, el principio básico del dolor es protegernos ante cualquier elemento que nos pueda causar un daño.

En palabras de Butler y Moseley: “Cuando el dolor persiste y tú sientes que está arruinando tu vida, es difícil imaginar que pueda servir para algo útil. Pero incluso cuando el dolor es crónico y horrible, duele porque el cerebro, ha llegado a la conclusión, normalmente de una forma totalmente inconsciente, de que estás amenazado y en peligro.”
Para que lo entiendas al 100% y a modo de símil, tu dolor es lo que para El Quijote es Sancho. Una persona dependiente, servicial, motivada y desinteresada que vive por y para la supervivencia de su amo, pero que, en ocasiones, puede llegar a ser sobreprotectora, estresante y desesperante.
¿Alguna vez os habéis preguntado por qué los soldados que reciben un disparo en plena batalla no sienten dolor hasta que no ha acabado la batalla? Exacto, porque el cerebro ha decidido que la mejor manera de proteger su vida no es emitiendo señales de dolor (lo estaría lastrando), sino, todo lo contrario, ha decidido inhibir las señales dolorosas y ha aumentado la segregación de sustancias químicas excitatorias como la adrenalina y el cortisol (hablaremos de estas sustancias en siguientes post) para que todos sus sentidos estén al 100% en la lucha y aumente así sus posibilidades de supervivencia. ¿Cuándo aparecerá el dolor en la zona de disparo? Como ya podéis deducir, en el momento en el que el cerebro interprete que la mayor amenaza que tiene el soldado pase a ser la herida de bala.
El problema como ya puedes preveer, no es que exista el dolor, puesto que es necesario y fundamental para la supervivencia del ser humano. El problema es que se exprese en momentos, intensidades y duraciones desproporcionadas a la amenaza real. Pasando de ser un compañero esencial en nuestra vida, a un factor angustiante, desesperante y en algunos casos depresivo
Una vez entendido esto, el siguiente paso sería descubrir el motivo por el que nuestro cerebro ha decidido protegernos, buscando los motivos objetivos por los que estamos sufriendo esa experiencia dolorosa. Conocer esto, cobra más importancia si cabe en dolores de más de tres meses, ya que como os expliqué en el artículo de “qué es el dolor”, en estos casos, la relación entre el daño real y tu dolor es prácticamente inexistente. Por tanto, es el momento de preguntarnos ¿qué hechos han provocado que nuestro cerebro llegue a esa conclusión?, ¿qué experiencias previas he tenido para que considere que nos tiene que doler?, ¿de verdad es necesaria esa protección?, ¿qué elementos están favoreciendo que sienta dolor tan fácilmente? Esto es lo realmente importante en cualquier experiencia de dolor que tengamos. Desgranar el problema hasta que encontremos lo que realmente está fallando, para una vez lo tengamos localizado, ir de lleno a solucionarlo.
Después de esto, os estaréis diciendo, vale Martín, esto está muy bien, pero es que por mucho que sepa que no tiene motivos para que me duela, me sigue doliendo. Aunque no os lo creáis, ya habéis hecho lo más difícil, localizar lo que está fallando en vuestro procesamiento sensorial. ¿Cuál sería el siguiente paso? Básicamente, nutrir a nuestro cerebro de movimientos que estén libres de dolor para poco a poco atacar aquellos que te generen más amenaza y reeducarlo para disminuir esa sobreprotección innecesaria. ¿Qué estás consiguiendo con esto? Aumentar la confianza de tu cerebro en estos movimientos, generar seguridad en ti mismo, disminuir amenaza y aumentar movimientos sin dolor que antes eran dolorosos dentro de tu programa motor.
RESUMEN
– El dolor es nuestro escudero, nos protege para garantizar nuestra supervivencia
– El cerebro decide si algo tiene que doler, cuándo y a qué intensidad
– El primer paso para vencer al dolor es conocer los aspectos de nuestra vida que lo están favoreciendo
– Una vez encontrado el problema, deberemos reeducar a nuestro cerebro para que entienda que la sobreprotección no es la solución
– No dejes de moverte, ve añadiendo ejercicios que reten a tu cerebro sin que perciba amenaza. De esta forma, conseguirás realizar movimientos que antes eran impensables, provocando que tu nivel de dolor baje de forma asombrosa.
Como siempre digo, la solución está en tu mano. Toma las riendas de tu dolor y empieza a dejar tu dolor atrás desde ya.
Si tienes cualquier duda, cuéntame tu caso y te ayudaré personalmente
[1] David S. Butler e G. Lorimer Moseley. Explicando el Dolor. 2016.
[2] Louw A, Zimney K, Puentedura EJ, Diener I. The efficacy of pain neuroscience education on musculoskeletal pain: a systematic review of the literature. Physioter Theory Pract 2016; 32: 332-55.